Cada vez que llega una Copa del Mundo, millones de aficionados repiten el mismo ritual: abrir sobres, buscar jugadores, intercambiar estampas y perseguir la satisfacción de completar el tradicional álbum Panini. Sin embargo, detrás de esa costumbre que acompaña al futbol desde México 1970 existe una industria global que mueve miles de millones de dólares y que, en la edición de Mundial 2026, apunta a romper todos los récords.
La compañía italiana Panini estima que la actual edición del álbum oficial generará alrededor de 1,400 millones de euros, impulsada por un mercado internacional que no deja de crecer y que ha convertido las estampas en objetos de colección, inversión y hasta emprendimiento.
Las dimensiones del fenómeno son considerables. Para esta Copa del Mundo se proyecta la venta de entre 500 y 800 millones de sobres, además de aproximadamente 35 millones de álbumes distribuidos en distintos países. En total, se espera que circulen cerca de 7 mil millones de estampas en todo el planeta.
El auge del coleccionismo ocurre en paralelo al crecimiento del mercado global de artículos coleccionables, valuado en alrededor de 100 mil millones de dólares anuales, según estimaciones de Morgan Stanley. En ese contexto, América Latina se ha convertido en una de las regiones más importantes para el negocio de Panini.
De acuerdo con datos de la compañía, las ventas del álbum mundialista en Sudamérica ya superan en 24 por ciento a las registradas durante Catar 2022. Los mercados más dinámicos son Brasil, Argentina, Colombia y Chile, este último pese a no haberse clasificado a la Copa del Mundo.
El caso chileno refleja la magnitud del fenómeno. Aunque la selección nacional estará ausente del torneo, el interés por completar el álbum ha generado eventos multitudinarios de intercambio de estampas y una intensa actividad comercial en las calles. La denominada “Cambiatón” realizada recientemente en Santiago reunió a más de ocho mil personas, mientras vendedores especializados reportan largas filas de coleccionistas en busca de las láminas faltantes.
La popularidad del producto también responde a su evolución. El primer álbum mundialista de Panini, lanzado para México 1970, incluía apenas 271 estampas distribuidas en 50 páginas. La edición actual cuenta con 120 páginas y un total de 980 cromos, además de variantes especiales y piezas de edición limitada que han impulsado un mercado secundario entre coleccionistas.

Entre las estampas más codiciadas se encuentran las versiones especiales de figuras como Lionel Messi, algunas de ellas impresas con acabados exclusivos y distribuidas de forma limitada, lo que incrementa significativamente su valor entre aficionados.
El fenómeno incluso ha abierto oportunidades de negocio para pequeños emprendedores. En ciudades como Santiago, comerciantes y coleccionistas obtienen ingresos mediante la venta, intercambio y almacenamiento de estampas. Algunos han desarrollado productos complementarios utilizando tecnología como impresoras 3D para fabricar organizadores y accesorios relacionados con la colección.
Sin embargo, mientras el álbum del Mundial 2026 vive uno de sus mejores momentos comerciales, el futuro de la marca enfrenta incertidumbre. La FIFA anunció recientemente la concesión de los derechos de coleccionables mundialistas a la empresa estadounidense Fanatics, una decisión que podría poner fin a una relación histórica que comenzó hace más de medio siglo.
La medida forma parte de un litigio que enfrenta a Panini y Fanatics en tribunales estadounidenses. Aunque la resolución definitiva aún no llega, dentro de la empresa italiana ya se preparan para un escenario en el que el Mundial de Arabia Saudita 2034 podría marcar el final de una era.
Si ese escenario se concreta, el torneo de 2026, será el último Mundial en el que Panini publique el álbum oficial, cerrando así un capítulo que durante casi seis décadas acompañó a generaciones enteras de aficionados alrededor del mundo.





