Los conflictos en Medio Oriente están llevando a varios países asiáticos a buscar alternativas para transportar mercancías y energía hacia Europa, con rutas que van desde el Ártico hasta el cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África.
China, India y Corea del Sur ya exploran estos corredores para reducir su dependencia de puntos estratégicos como los estrechos de Ormuz y Bab el Mandeb, cuya actividad se ha visto afectada por las tensiones y enfrentamientos en la región. Especialistas consideran que esta diversificación busca disminuir la exposición a los llamados “cuellos de botella” marítimos, zonas por las que pasa una parte importante del comercio mundial.
Jane Nakano, investigadora principal del Programa de Seguridad Energética y Cambio Climático del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), explicó a EFE que existe un interés creciente por desarrollar nuevas rutas y ampliar las existentes para reducir los riesgos sobre las cadenas de suministro.
El cabo de Buena Esperanza, una ruta que durante siglos fue fundamental para conectar Europa y Asia, recuperó importancia ante las dificultades para utilizar los corredores del mar Rojo y el golfo Pérsico.
China está recurriendo a esta vía para reorganizar parte de sus compras de petróleo. De acuerdo con el medio económico Caixin, petroleros chinos están recogiendo crudo saudí en el puerto egipcio de Sidi Kerir, al que llega mediante un sistema que conecta con Yanbu, en Arabia Saudita. Desde ahí, los cargamentos pueden dirigirse hacia Asia rodeando África.
El recorrido es considerablemente más largo, pero permite evitar Bab el Mandeb, paso estratégico que conecta el mar Rojo con el océano Índico y que ha sido escenario de ataques y amenazas vinculadas con el conflicto en Yemen.
India también está utilizando el cabo de Buena Esperanza para algunas operaciones comerciales hacia Europa. En el caso del estrecho de Ormuz, las empresas pueden recurrir a terminales cercanas como Fujairah, en Emiratos Árabes Unidos, y Sohar, en Omán, para reducir su exposición al paso marítimo.
Las dificultades para obtener petróleo de Medio Oriente también están modificando a los proveedores. Según la consultora Kpler, refinerías chinas aumentaron sus compras de crudo ruso a través del oleoducto Siberia Oriental-Océano Pacífico, mientras Japón incrementó sus importaciones de petróleo y gas procedentes de Estados Unidos, de acuerdo con Nakano.
El otro corredor que gana relevancia es el Ártico, aunque todavía se encuentra lejos de convertirse en un sustituto de las rutas tradicionales.
La naviera china Sea Legend puso en marcha este año un servicio estacional entre Asia y Europa a través de la Ruta Marítima del Norte. El primer viaje llegó al Reino Unido el 9 de septiembre, después de salir de China, con mercancías que incluyeron baterías, equipos de almacenamiento de energía y componentes relacionados con energías renovables. La empresa tiene previsto realizar ocho viajes durante la temporada de navegación.
La llamada “autopista polar” puede reducir de manera importante la distancia entre Asia y Europa frente a la ruta tradicional por el canal de Suez. Sin embargo, su utilización sigue limitada por las condiciones climáticas, una temporada de navegación relativamente corta, las necesidades de infraestructura y el hecho de que la Ruta Marítima del Norte se encuentra bajo control ruso.
Corea del Sur también analiza establecer un servicio regular por el Ártico a partir de 2030. En agosto, el carguero PanStar Acro salió de Busán con cerca de 3 mil contenedores en un viaje de prueba para evaluar la viabilidad del recorrido.
Este corredor podría reducir alrededor de 30 por ciento la distancia y el tiempo de viaje hacia Europa frente a la ruta convencional por Suez, aunque su desarrollo también depende de las condiciones de navegación y de la cooperación con Rusia.
Japón, por su parte, prepara una revisión de su política hacia el Ártico debido al creciente interés geopolítico de la región y a sus recursos naturales y rutas marítimas.
Aunque las nuevas alternativas están ganando espacio, los especialistas advierten que todavía no pueden reemplazar los principales corredores marítimos internacionales.
La ruta del cabo de Buena Esperanza implica recorridos más largos y mayores costos, mientras que el Ártico presenta una ventana de navegación limitada y condiciones particularmente exigentes. Además, los principales corredores tradicionales permiten acceder a grandes volúmenes de petróleo y gas procedentes del golfo Pérsico.
Por ello, la estrategia de los países asiáticos no consiste necesariamente en abandonar las rutas existentes, sino en diversificar sus opciones comerciales para reducir el impacto de futuras interrupciones.
La expansión de estas alternativas también tiene una dimensión geopolítica. Nakano señaló que para China el desarrollo de rutas en zonas donde la presencia naval estadounidense no está plenamente consolidada puede tener un valor estratégico que va más allá de garantizar el suministro energético.
Así, los conflictos en Medio Oriente están acelerando una tendencia que ya estaba en marcha: la búsqueda de rutas marítimas adicionales para que el comercio entre Asia y Europa dependa menos de unos cuantos puntos estratégicos.





